Enrique Llamas: «Envidio la falta de corrección política de los años ochenta»

A propósito de un reportaje sobre el peso literario de Madrid, contacté con diversos protagonistas del sector editorial. Sus respuestas, siempre enriquecedoras, tuvieron que ser recortadas por cuestiones de espacio, por lo que las reproduzco íntegramente por aquí. 

Enrique Llamas (Zamora, 1989) es escritor y periodista. Sorprendió a crítica y público con Los Caín, novela negra en el entorno castellano con las hechuras del mejor Delibes. Su última novela es Todos estábamos vivos, también en AdN, en la que recrea la Movida madrileña. 

E. Laporte

En tu novela, ‘Todos estábamos vivos’, pones el acento en que los que han contado la novela son, precisamente, los que sobrevivieron. ¿Fueron unos años demasiado destructivos, se les fue de las manos, a aquella generación, todo aquel chute de libertad del que de pronto disfrutaron?

Se les fue de las manos, pero no podían saber que se les iba a ir. Junto con la libertad recién estrenada entraron en España la heroína, y de su mano el VIH, como ocurrió en todo el mundo. Me parece importante reseñar este aspecto: la falta de información de aquellos años sobre el virus y su enfermedad, que en España se unían a un desconocimiento sobre el consumo de drogas. Tanto la droga como el SIDA han sido muy estigmatizados, y por tanto rodeados de culpa, como tan bien explicó Susan Sontag. Con “Todos estábamos vivos” intento mostrar la alegría de aquellos años, cuando las futuras víctimas no tenían información y, por tanto, tampoco responsabilidad: a pesar de ello se les inculcó (y se inculca todavía) la culpa, que debe desaparecer.

Entonces, Madrid era un hervidero de fiestas, conciertos, manifestaciones culturales de todo tipo. ¿Cómo definirías el estado actual, al margen de la pandemia, el pulso cultural de la ciudad? ¿Envidias esa época, pese a no haberla vivido, como algo más espontáneo y fresco, a pesar de los excesos?

Madrid tiene un pulso cultural muy vivo y una grandísima oferta que en muchas ocasiones la ciudadanía no llega a poder absorber: me refiero a las salas de conciertos, a los pequeños teatros, a las iniciativas independientes. Sólo se alimenta lo grande, lo macro, especialmente en el campo musical. Evidentemente las manifestaciones culturales en Madrid ya no son tan transgresoras como en los años ochenta, porque para que sea así hace falta salir de una dictadura. No hay mucho underground porque lo políticamente correcto se lo come todo. En ese sentido sí envidio esa falta de corrección política de los años ochenta: hay que encontrar un término medio que a Madrid no se le da nada bien. Chueca –por ejemplo– ha pasado de ser el centro del narcotráfico la gentrificación más extrema.

Zamorano en Madrid y madrileño en Zamora, ¿tu apuesta por la capital tuvo algo que ver con la clásica conquista literaria?

Recuerdo leer en escritos de los Aldecoa (de Josefina y de Ignacio) cómo conocieron a otros escritores de su generación en Salamanca, pero sobre todo en Madrid… y el adolescente que era yo quería eso, conocer a escritores que admiraba. Habrá que ver cómo se redefine este mapa de presencias en la capital tras la pandemia.

Seguidor de Delibes, ¿te imaginaste alguna vez, en cambio, dirigiendo La Opinión de Zamora y escribiendo sobre los paisajes y tipos humanos de ese micromundo (como haces, por otra parte, en ‘Los Caín’).

Soy mucho más de radio que de prensa escrita (ni digamos ya que de televisión), así que me temo que la respuesta es no. Sí me puedo imaginar escribiendo algo desde la perspectiva del viajero, como hizo Azorín con la ruta del Quijote. Por cierto, ojalá escribiera como Azorín. Poco se le nombra.

Al margen de gustos personales, ¿crees que tiene sentido hoy instalarse en Madrid para hacer carrera literaria?

Hasta 2020 sí, ahora no lo sé. Las redes sociales (a pesar de toda la cantidad de odio y necedad que acumulan) también hacen posible mantener conexiones literarias en la distancia. Tengo mucha curiosidad por saber cómo se redefinen las grandes ciudades tras esta crisis. Han demostrado no ser el mejor lugar para vivir cualquier cosa que se salga de lo común.

Enrique Llamas
Llamas, en una foto reciente.

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