Trapiello: «Se vive mejor sin identidad»

A propósito de un reportaje sobre el peso literario de Madrid, contacté con diversos protagonistas del sector editorial. Sus respuestas, siempre enriquecedoras, tuvieron que ser recortadas por cuestiones de espacio, por lo que las reproduzco íntegramente por aquí. 

Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, 1953) es escritor, en sus vertientes de poeta, ensayista, novelista, diarista, columnista y ahora también editor, en el reciente sello, ediciones del arrabal, que acaba de zarpar con los bríos de sus leales M., G. y R. Hablamos de su ‘Madrid’ (Destino) y de las identidades abstractas, por ello atractivas, como las de la ciudad que da título a su penúltimo libro. 

E. Laporte

El título de ‘Madrid’ no podía ser otro, pero ¿es un guiño también a Azorín con su ‘Madrid. Guía Sentimental’? ¿En qué sentido has ido de la mano de este autor en esta obra?

He pasado de creer que el título de un libro es la mitad de él a creer que da lo mismo. Algunos amigos me desaconsejaron titularlo tan sosamente. Pero yo les preguntaba: ¿y de qué modo mejor? ¿Qué le vos a añadir? Todo lo que le añade, será restarle algo. En ese sentido es axoriniano. El Madrid de Azorín es un libro precioso, pero tiene poco que ver con la ciudad. Tiene mucho que ver con el Azorín primero, que llega a ella, y da bien los ambientes de periódicos y cafés que frecuento.

Madrid, como tu literatura, es mezcla, decías en ‘Página 2’. ¿Esa condición mestiza explicaría que se escriba tanto sobre Madrid? Es decir, ¿la identidad de Madrid sería su no-identidad, y en cada libro jugamos a creer que por fin daremos con ella? ¿Sentiste algo así al abordar tu monumental ‘Madrid?

Es cierto, a mí los libros me salen algo mezclados. No lo busco, pero es así. Como quien no sabe solfeo y canta, peor o mejor, de oído. Yo escribo de oído. Quizá por eso tengo nostalgia de un libro clásico, conforme a los órdenes, con la medida justa. En ese libro se nota el desorden, pero a la gente igual le importa menos porque reconoce en él el desorden de la ciudad y el desorden con que la vivimos todos. Creo que les cae en gracia, y son benevolentes con él.  Me planteé muchas maneras de escribir. Y al final no se me ocurrió nada mejor. Me dije: voy a contar Madrid como se la contaría a un amigo al que también tuviera que contar mi vida en Madrid. Y empecé. Y fue como ir caminando. Se han quedado muchos barrios sin tratar y he pasado a veces dos y tres veces por las mismas plazas y calle. Como la vida misma.

¿Estás de acuerdo con aquello de RAMÓN de que Madrid es tenerlo todo y no tener nada?

Pues sí. Por eso la detestan tanto los nacionalistas. Esa es la razón de la madritirria y la madrileñofobia. Madrid es un testigo incómodo que les recuerda que se vive mucho mejor sin identidad, sin robar la ciudadanía a nadie, sin imponer sus delirios identitarios. En Madrid es cierto hay más que en ninguna otra ciudad. Normal. Ha sido la capital de España desde 1561. ¿No iba a ser más importante que Bilbao o que Barcelona o Sevilla? La capital política, de las finanzas, de la cultura, de la prensa… Pero nadie se siente dueño de eso. Los dueños de esas cosas no es Madrid, son los españoles. Y por eso Madrid cuenta con tantos simpatizantes fuera de Madrid. La siente como suya.

Según Delibes, Umbral era el último conquistador de Madrid. Esto lo dice en su diario de 1970 y considera que esa conquista de la fama, ese ponerse a la cola, es algo ya obsoleto. ¿Cómo ves esta reflexión cincuenta años después? ¿Tiene hoy sentido el consejo de Baroja de coger turno y esperar?

Hombre, ahora hay colas en muchos sitios y puedes hacer muchas colas a la vez. Vivir en Madrid te da lo que otros sitios y cosas que no te dan los otros sitios, decía JRJ.: el Prado, los museos, los conciertos, las librerías, el Rastro, los amigos que vienen de fuera y a los que no verías tanto si vivieras en otra parte… Pero no te da el mar, no te da la vida tranquila y provinciana, no te da poder ver a los amigos, porque los tienes cerca… No podemos pasarnos la vida midiéndonos con los demás. Lo humano es, decía Ferroso, ocuparnos de las cosas.

Tenías un propósito en esta vida, dices en los primeros compases del libro: convertirte en escritor. En tu caso, Madrid era no sólo el lugar en que lograrlo, ¿sino también la inspiración, la materia prima?

¿Quién puede saberlo? Pero era más que eso. Seguramente hubiera podido hacer vida de escritor en otras partes. Pero no llevar la vida que he llevado aquí, conocer a mi mujer, que es de Madrid, vivir en una ciudad con museos, con salas de concierto, con exposiciones y el  Rastro. Madrid para mí no es solo literatura. Es sobre todo vida, claro que mi vida es literatura. Pero el orden es ese: vida y literatura. No al revés.

 

 

 

Imagen de la nueva editorial
Logotipo del nuevo sello editorial, que publicará los próximos diarios.

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