La novela de un novelista

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro. No soy muy amigo de los ‘tochos’ y este lo es (casi 400 páginas que en otra edición podría ser más de 600) y me lo he ventilado en pocos días y pidiendo más.
No creo que influya que
David Pérez Vega
sea amigo, cómplice en estos fregaos literarios al que conocí en 2012, en aquel memorable encuentro que organizaron Gonzalo Garrido y nuestra querida Belén Bermejo, cuya ausencia aún no hemos podido digerir bien, aceptar siquiera, y a la que echamos de menos cada día.
No es el primer libro de alguien a quien conozco y aprecio que leo, y no por ello caigo en ditirambos campanudos en dichos casos. Pero ‘Caminaré entre las ratas’ merece una serie de elogios que no puedo desarrollar al detalle en este improvisado texto, pero que espero canalizar pronto en alguna reseña formal.
Por señalar algunas virtudes, la prosa. Un fluir narrativo que hace, al menos así me ha pasado, que leas sin despegar la vista durante decenas de páginas, cosa digna de mención en alguien tendente a una dispersión casi patológica como soy. Gran lector de Bolaño, me ha parecido más seductor que el chileno, o quizá sea que los temas que toca me afectan más, y de ahí mi inmersión total en la lectura.
Porque tiene algo de libro para escritores, y no me sonrojo al decir que me ha recordado al ‘Solenoide’ de Cartarescu, con esa ambición de obra total, y el retrato de un personaje más perdedor que ganador, lo cual siempre pone de su lado al lector. Hay tema literario, pero quizá sea más una novela para lectores, para buenos lectores. Porque ante todo hay una empatía con el mundo y los seres que lo pueblan, con una ambición no sé si voluntaria de quedar, de perdurar. Es la novela de un novelista, por citar aquel título antediluviano. O la novela que todo novelista que se precie debería escribir.
‘Caminaré entre las ratas’ es uno de esos libros que resisten al corto plazo y que puede ser leído con toda paz dentro de cincuenta años, es decir, quizá se lea incluso mejor entonces, como retrato de una época de confusión y de frustraciones sostenidas. También es meritorio el retrato que hace de lugares a menudo difusos y en general esquivados, como la ciudad dormitorio, el Móstoles como satélite acomplejado de Madrid en el cual sin embargo aguantan unas raíces que, también es cierto, quizá su único valor sea ese, el del origen. (Impagable el retrato del entorno cercano del protagonista).
Pérez Vega, con la inclusión del partido del Puño Patriota, de un tal Teodoro Rivas, anticipa la irrupción de VOX, en una novela que comenzó a escribir en 2014 (y concluyó en 2016). También, y esto quizá no lo sepa, pues no me lo comentó cuando me dedicó el libro, haya incluso una anticipación a la pandemia que ha terminado por torcer el mundo. Esa zoonosis que ha contaminado el planeta y que en la novela se avisa y señala con la presencia de esas intempestivas ratas que a modo de leit motiv aparecen para decirnos algo.
Por si fuera poco, la novela es divertida. Hay una ironía constante teñida de melancolía que merece también capítulo aparte. Un humor que surge dentro del drama y que te lleva de la mano por toda la novela, como queriendo más. Es una ironía fina, jamás subrayada, que implica también al lector, lo hace suyo.
Una novela que consigue, quizá sin proponérselo, retratar nuestro tiempo como hacen los grandes escritores. Desde la humildad, la mirada empática no desprovista de ternura, con fases de bienvenido vitriolo caricaturesco. Cervantes sabía algo de esto.
Tenemos un libro importante que bien podría figurar en un Anagrama, Penguin Random House o similares y que habría que agradecer a Carpe Noctem su acierto al publicarla. La recomiendo encarecidamente, con el único miedo de generar altas expectativas que luego no se cumplan. Olvida todo esto que he dicho, pero lee a
David Pérez Vega
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Caminaré entre las ratas

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